sexta-feira, 7 de novembro de 2008

Para qué crucificar la carne? - Arcadio Sierra Diaz

Muchos creyentes son llenos del Espíritu Santo cuando creen, y van experimentando un crecimiento normal de su vida espiritual; van caminando con Dios y preocupándose por las cosas de Dios. Pero desafortunadamente la mayoría de los cristianos no se ocupan mucho de lo que le interesa al Señor, sino de sus propios intereses egoístas y carnales (Gálatas 5:19); por eso el Señor quiere que la carne sea crucificada subjetivamente. En la realidad histórica ya la carne ha sido crucificada en el Gólgota; el viejo hombre ha pasado por ese proceso; de manera que el niño carnal en Cristo debe ser totalmente liberado de ese dominio, para que crezca y pueda andar según el espíritu. A quien persista en las obras de la carne (mal genio, divisiones, sectarismos, vicios, pasiones y deseos), Dios le dice que ya esa carne fue crucificada; pero hay creyentes de almas cuya naturaleza es muy fuerte, y tienen un carácter muy difícil, en los cuales el proceso es lento y doloroso. Al respecto dice el hermano Watchman Nee:"La obra de la cruz consiste en suprimir (anular); no nos trae cosas, sino que las quita. En nosotros hay muchos residuos; hay muchas cosas que no son de Dios y no le rinden ninguna gloria. Dios quiere eliminar todas estas cosas por medio de la cruz para que así lleguemos a ser oro puro. Hay cosas que no provienen de Dios; nos hemos convertido en una aleación. Por eso Dios tiene que utilizar tanto poder para mostrarnos estas cosas que hay en nosotros que provienen del ‘yo’, todas aquellas cosas que no le proporcionan ninguna gloria. Creemos que si Dios nos habla, descubriremos que tienen que ser eliminadas muchas más cosas que las que nos tienen que ser añadidas. Especialmente aquellos cristianos cuya alma es de naturaleza fuerte, deberían pensar en esto: que la obra de Dios en ellos por medio del Espíritu Santo, consiste en eliminar cosas de ellos para reducirlos". (Watchman Nee. "La Iglesia Gloriosa". CLIE. 1987. pág. 163).La carne no puede dar fruto que glorifique a Dios. El cristiano debe limpiarse de sus pecados apropiadamente. Dice Juan 15:2:"Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto".Debemos tener claridad en que no se exige que crucifiquemos de nuevo nuestra carne, pues ya fue crucificada en la cruz de Cristo. La crucifixión de la carne hay que experimentarla, y que esa muerte en la cruz tenga su efecto en nosotros. Esa práctica se lleva a cabo en colaboración con el Espíritu Santo. Dice la Palabra de Dios en Colosenses 3:5:"Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría".Ese pues, enlaza el versículo con los anteriores, en que dice que ya hemos muerto y resucitado con Cristo. Son dos realidades que van unidas: Ya fuimos crucificados con Cristo, y hacer morir lo terrenal en nosotros. Si creemos que hemos sido muertos en Cristo, podemos hacer morir lo terrenal en nosotros. Esto se logra porque el Espíritu Santo aplica la muerte de la cruz a todo lo que tenga que morir. Dice Romanos 8:13:"Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis".Sin embargo, debemos estar siempre vigilantes, pues la carne, no obstante quedar inutilizada por la crucifixión conjunta en Cristo, empero no queda suprimida; ahí sigue existiendo y, en cuanto tenga oportunidad, se pone en acción.El mensaje de la cruz no se está predicando, pues, con contadas excepciones, se está predicando una caricatura del evangelio. Nosotros decimos ver, pero en nuestras facultades naturales no podemos ver; más bien esas facultades naturales nos impiden ver la realidad. Si Dios nos ilumina un poco, entonces constatamos nuestra ceguera. Afirmar que vemos, como en el caso de la iglesia del período de Laodicea, es un orgullo farisaico. Cuanto más nos ufanamos y razonamos de que vemos, más ciegos somos; y cuando ya veamos manifestada en verdad nuestra ceguera, entonces es cuando vamos a empezar a ver. Pablo sólo pudo ver las cosas de Dios cuando quedó ciego físicamente. Es necesario restaurar el mensaje de la cruz, y vivirlo. Cuando no se vive el mensaje de la cruz, vivimos para nosotros mismos, no para el Señor. La cruz es para poner en ella todos los días, lo que somos y lo que tenemos, lo viejo, lo inútil.Dicen los apologistas de la prosperidad en el cristiano, que el Señor quiere vernos acá envueltos en una vida regalada y apacible, sin problemas, sin hambre, sin preocupaciones, sin persecuciones, todo bien; pero Mateo 10:34-39 dice lo contrario:"34No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará".El Señor no trae paz a una tierra en que aún Satanás es su príncipe; por eso los vencedores están en guerra contra Satanás, y éste los ataca usando aun a los mismos familiares de su propio hogar.Al Señor hay que amarlo por encima de todas las cosas. Esa espada que se menciona en el versículo 34, es la vida llena de tribulaciones y dolores del sufrido y verdadero vencedor, el que camina todo herido por el camino estrecho trazado por Cristo. El versículo 35 explica el 34. De acuerdo al verso 38, se trata de una cruz; y tú estás en libertad de llevarla o no. La cruz es opcional, pero absolutamente necesaria para el que quiere caminar con Cristo. El hecho de seguir al Señor y obedecerle te crea dificultades, y tú puedes voluntariamente escoger sufrirlas o no. Como la de Cristo, toda cruz de los hijos de Dios es determinada y decidida por el Padre, y nosotros escogemos llevarla o no. De eso depende nuestra participación en el reino. Dice 1 Pedro 4:1,2:"1Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios".No es que Dios quiera que vivamos sufriendo, pero sí debemos armarnos con una disposición al padecimiento, debido a que estamos inmersos en una batalla espiritual que también tiene sus repercusiones y manifestaciones en nuestra vida natural. Creyente que rehuye el sufrimiento, no puede ser edificado. Dios puede salvar nuestra mente, de tal manera que haya en nosotros la disposición a sufrir como también Cristo padeció. Es natural que nuestra tendencia sea la de huir de todo sufrimiento y a toda hora pedirle al Señor que por favor nos libre de todas las dificultades y amarguras, pues no soportamos las pruebas. Pero esta no fue la actitud del Señor en Getsemaní. Desde que nació, el Señor Jesús tuvo la disposición para sufrir. Él sabía que había nacido para eso mientras permaneciera en el cuerpo mortal. Por tanto, desde el día en que nacemos en el Espíritu, y somos hijos de Dios, debe ser nuestra tarea entrenarnos para el sufrimiento. Esa es la verdadera posición de un vencedor. Si escapas como un cobarde del sufrimiento, estás desarmado y te viene la derrota. Hermano, enfrenta el sufrimiento. Cuando la Palabra de Dios nos dice que no seamos carnales, lujuriosos, cobardes, infieles, o lo que sea que dependa de nuestra vieja vida natural, es porque Él nos puede salvar de cualquiera de esas demandas y pensamientos de los deseos carnales.La Palabra de Dios dice que son bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, los que están dispuestos a sufrir por la verdad, por la justicia, por la causa del Señor y de Su evangelio de salvación; sus heridas y cicatrices son las llaves de entrada al reino de los cielos. El sufrimiento del creyente es más meritorio que el de los ángeles cuando les toca participar en luchas contra el enemigo. ¿Por qué es más meritorio? Porque los ángeles conocen la gloria del Señor y lo que el cielo representa; en cambio el creyente es estorbado por su propia carne, por Satanás y por un mundo atrayente, y apenas mira las cosas como por un espejo; apenas vislumbra algo de lo que le espera, movido por la fe y la esperanza, basado en las promesas del Señor, en la revelación de las Escrituras y en el poco conocimiento que ahora tiene de Dios y de las cosas que Él nos tiene preparadas. Sufrir por el Señor es un honor que no le es dado a todos los creyentes.

quinta-feira, 30 de outubro de 2008

Pode a Moralidade Salvar-nos?- Watchman Nee

Extraído do Livro " Cheio de Graça e de Verdade"
você pode baixar esse livro aqui no filho varão

Pode a moralidade salvar-nos? A resposta do mundo a esta pergunta é: "Sim"; mas a resposta de Deus, mediante a Bíblia é um grande e enfático "Não!" O poder de nossa salvação está nas mãos de Deus e não em nosso pensamento, pois nossa salvação tem origem nele; não é algo que nós mesmos arbitrariamente possamos decidir. Neste assunto precisamos ouvir a voz de Deus. Precisamos ouvir o que ele tem a dizer e não imaginar que nossas obras nos salvarão. Devemos compreender claramente que o assunto da salvação é determinado por Deus e por ele somente.
Bem-aventurado é o homem que reconhece que a moralidade não o pode salvar de modo nenhum! Hoje em dia as pessoas geralmente vêem a idéia de alguém pregando-lhes acerca de "crer em Jesus" como uma tentativa em persuadi-las a praticar o bem. Entretanto, o próprio conceito de persuasão demonstra o fato de que o homem não pode fazer o bem. Mesmo muitos crentes não compreendem por completo que as boas obras não podem salvá-los. Pensam que se fizerem o melhor que puderem a fim de conservar a fé, freqüentarem a igreja, contribuírem com seu dinheiro e ajudarem nas atividades da igreja — isto é, se procurarem fazer o melhor em realizar o bem — que Deus se agradará deles e que os salvará. Entretanto, como ignoram eles o vazio de todas estas coisas! Pois no caso da salvação, estas coisas não ajudarão nem um pouco! (Não quero dizer aqui que não devemos conservar a verdade, e assim por diante. Digo apenas que não seremos salvos por meio dessas coisas.)
É vão arrazoar e argumentar com palavras humanas. Ouçamos, antes, a Palavra de Deus. O que Deus diz a respeito de um assunto, é a solução.
"Concluímos, pois, que o homem é justificado pela fé, independentemente das obras da lei" (Romanos 3:28). A frase "obras da lei" significa a prática do bem. Ora, a lei é estabelecida por Deus e define o que o homem deve fazer. Se alguém pudesse cumprir a lei de Deus, seria tido como a melhor pessoa no mundo. Entretanto, por meio do autor da carta aos Romanos, Deus diz que é absolutamente claro e certo que o homem não é justificado pelas obras da lei.
O que significa ser justificado? Significa que Deus não somente perdoará os pecados da pessoa mas também declarará ser ela justa. Em outras palavras, ser justificado é ser salvo. O que Deus nos ensina aqui é isto: não podemos ser justificados e salvos pelo praticar as obras da lei. Nenhum de nós pode, portanto, confiar em suas boas ações como se elas pudessem salvar. Logo, paremos de confiar em nossas próprias boas obras, confessemos que de nós mesmos somos pecadores sem esperança e aceitemos a Jesus como nosso Senhor e Salvador. Ao fazer isto, seremos salvos.
Louvado seja Deus, pois ele não salva porque as pessoas fazem o bem. Pelo contrário, ele salva segundo este princípio: "onde abundou o pecado, superabundou a graça" (Romanos 5:20b). Deixe-me perguntar-lhe: Você sabe que é pecador? A sua consciência o acusa? Você ainda não concluiu em seu coração que uma pessoa como você está sem esperança? Não se engane ao pensar que pode ser salvo por fazer o bem ou por unir-se a uma igreja para que entre nas boas graças de Deus mediante o cântico e a oração. Não tente usar meios humanos para remediar seus pecados. Você é pecador; não importa o quanto você tente consertar as coisas, ainda é pecador. Portanto, não confie em suas boas obras. Embora seus pecados possam ser muitos, o sangue precioso de Cristo pode purificá-lo e o purificará. Venha a ele agora!
Charles H. Spurgeon, pregador inglês, foi grandemente usado pelo Senhor. Certa vez Spurgeon afirmou que se o Senhor desejasse que ele fizesse o bem a fim de ser salvo ele não gostaria de ser cristão. Explicou sua afirmativa, ilustrando o seu ponto como segue:
— Depois de ter praticado muito o bem, apresentei minhas obras a Deus e perguntei se eu já era bom o suficiente para ser salvo. Ele, sendo Deus de todo o bem, naturalmente ficou insatisfeito com minhas boas ações. De modo que sacudindo a cabeça, disse: "O seu bem não é suficiente." Com tristeza segui meu caminho. E procurei fazer mais boas obras. Mais tarde, depois de vários anos, tornei a levar as minhas boas ações a Deus e uma vez mais perguntei se eram suficientes para minha salvação. De novo, ele respondeu: "O seu bem ainda não é suficiente; você não pode ser salvo." Isto poderia continuar indefinidamente, e Deus jamais ficaria satisfeito. Nesse caso, como é que eu ficaria sabendo que poderia ser salvo? Se Deus realmente exigisse de mim que eu fizesse o bem a fim de ser salvo, é provável que eu tivesse de trabalhar até a morte e ainda não ser salvo porque ele ainda estaria insatisfeito. Que estado lastimável! Por esse motivo, não gostaria de ser crente se Deus exigisse que eu fizesse o bem a fim de ser salvo; pois eu poderia praticar boas obras a vida toda e ainda ele não ficaria satisfeito. Não seriam vãos todos os meus esforços?
Mas graças a Deus o Pai que não somos salvos por praticar o bem, mas por crer em seu Filho. Embora ele não esteja satisfeito com nossos esforços (pois não temos bem nenhum), não obstante, deleita-se no bem de seu Filho Jesus. Ele está completamente satisfeito com a justiça que seu Filho realizou na cruz. Embora nós mesmos não possamos fazer o bem, podemos, contudo, ser salvos crendo no Filho de Deus, aceitando o mérito do sangue de Jesus vertido na cruz.
Não deixe que Satanás o engane levando-o a pensar que pode ser salvo pelas boas obras. Assim como você não consegue construir uma escada que alcance o céu, da mesma forma não obterá a salvação de Deus pela prática das boas obras. Não somos justificados por Deus mediante boas obras de nenhuma natureza que tenhamos praticado, mas somos "justificados gratuitamente, por sua graça, mediante a redenção que há em Cristo Jesus"; pois "se é pela graça, já não é pelas obras; do contrário, a graça já não é graça" (Romanos 3:24; 11:6). Não são estes versículos da Escritura muito claros? Somos justificados e salvos por Deus não pelas obras mas pela graça.
Graça e obras são dois princípios diametralmente opostos. "Graça" significa que não importa seja o homem bom ou mau, Deus deseja salvá-lo. Este ou aquele homem não é digno de ser salvo, entretanto, por meio da graça de Deus ele tem à sua disposição a salvação gratuita. "Obras", por outro lado, é um assunto inteiramente diverso. "Obras" significa que os bons serão salvos e os maus perecerão. Em outras palavras, o homem deve fazer o bem a fim de salvar-se; e todo aquele que não puder salvar a si mesmo desta maneira deve ir para o inferno.
Sabemos que todos nós somos pecadores. Embora não cometamos pecados tão horríveis como assassínio ou como o incêndio de alguma propriedade, nossa natureza, contudo, é totalmente corrupta e nossos pensamentos e ações, cheios de engano. Somos deveras pecadores! Mas graças e louvor a Deus, porque ele não nos salva por nossas obras; pelo contrário, salva-nos por sua graça — gratuitamente e sem reservas.
Hoje em dia muitas pessoas têm a idéia de que a salvação não é somente pela graça de Deus: é também por nossas obras. A graça de Deus mais nossas obras é igual à salvação. Se não for assim estaremos perdidos. Que lástima! Como o homem natural sempre procura ser salvo por seus próprios esforços! Entretanto, lembremo-nos das palavras de Romanos 11:6: "Se é pela graça, já não é obras [graça e obras não podem co-existir. Se não for graça, serão obras; se não forem obras, será graça. A salvação não pode vir pela graça e pelas obras]; do contrário [e aqui o autor inverte o argumento, dizendo, de fato, que se graça e obras forem unidas, então... ] a graça já não é graça [o imensurável favor especial de Deus será deturpado pelos trapos da imundícia das obras humanas.]." As obras do homem não somente não podem cumprir a graça de Deus, mas além disso anularão sua graça. Portanto, se você, pecador, deseja ser salvo, não pense que suas obras o ajudarão. Pelo contrário, você deve humilhar-se a si mesmo, reconhecer seu estado de pecador sem esperança e aceitar com gratidão a graça de Deus mediante a fé na obra realizada na cruz do seu Filho. Tal graça maravilhosa é concedida gratuitamente a todos os pecadores!
Mas continuemos a ler a Palavra de Deus. "O homem não é justificado por obras da lei" — "Não por obras da lei, pois por obras da lei ninguém será justificado" — "Todos quantos, pois, são das obras da lei, estão debaixo de maldição" — "É evidente que pela lei ninguém é justificado diante de Deus" (Gálatas 2:16; 3:10, 11).
Ora, já observei que obras da lei é praticar o bem, e que ser justificado pelas obras da lei significa ser salvo pelas obras. Mas o que indicam estes versículos de Gálatas? O homem não somente não pode ser salvo por praticar o bem, mas o que procura ser salvo por meio das obras está debaixo de maldição. A Bíblia diz-nos explicitamente que homem algum jamais foi justificado diante de Deus pelas obras da lei. Por que, pois, você ainda tenta o impossível? Em vez disso, por que não contemplar e abraçar a obra consumada de Cristo? Ele já pagou o preço total, e por amor de você dispôs-se a ser crucificado. Desta forma, ele realizou tudo. De modo que você não precisa procurar a salvação com grande angústia. Antes, pode ser salvo tão-somente aceitando a obra da salvação que Cristo consumou por você. Por que insistir em seu próprio caminho? Creia nele e depois de ter crido, louve-o. Porque ele o amou tanto a ponto de prover-lhe salvação completa e gratuita.
Há dois versículos da Escritura que explicam a salvação divina de uma maneira muitíssimo clara. Paulo, servo de Deus, escreve aos crentes de Éfeso: "Porque pela graça sois salvos, mediante a fé; isto não vem de vós, é dom de Deus; não de obras, para que ninguém se glorie" (Efésios 2:8, 9). Sabemos imediatamente desta passagem que trata do assunto da salvação uma vez que começa com as palavras "Porque pela graça sois salvos".
Como é que os leitores de Paulo haviam sido salvos? Pelas obras? Não. Por serem mais fortes do que as outras pessoas? Também, não. Como, pois, foram salvos? Esta passagem diz-nos duas coisas necessárias para a salvação deles: a graça de Deus e a fé. Eis o primeiro elemento: "Pela graça sois salvos." Graça é o que Deus dá; ele providenciou para nós um Salvador — "mas o Senhor fez cair sobre ele [Cristo] a iniqüidade de nós todos" (Isaías 53:6b). Deus fez com que Cristo morresse na cruz para levar os nossos pecados. Cristo sofreu e bebeu por completo o cálice da justa ira de Deus para que pudesse realizar para nós a salvação perfeita. Quão profunda é a graça! A graça de Deus é o fundamento da salvação. Aqui o homem não presta ajuda alguma. Deus, sozinho, realiza tudo por nós. E agora ele apresenta a salvação completa a cada pecador, inclusive você. Como, pois, podemos ser salvos? Não pelas obras da lei, nem pela autonegação, nem pela melhoria pessoal, nem por freqüentar a igreja, mas ao aceitar a graça de Deus manifestada na cruz do Calvário.
Voltemos-nos agora para o outro lado da salvação: 'Tela graça sois salvos, mediante a fé." Deus, deveras, dá a graça, mas devemos também crer. Pois embora Deus conceda a graça, se não crermos não seremos salvos. Uma vez que a graça de Deus já nos providenciou salvação substitutiva na cruz do Calvário, devemos crer em sua provisão, a saber, o Senhor Jesus e sermos salvos.
O que significa ter fé? Crer significa receber (João 1:12). Deus preparou a graça, e somos salvos por recebê-la. Suponha que alguém lhe envie um presente. O presente é seu desde que você o receba. Da mesma forma, Deus lhe envia a graça salvadora que será imediatamente sua no momento em que a receber. Insto com você que não demore mais. Receba-a agora. Estenda a mão da fé e receba a espantosa graça de Deus.
Talvez possamos usar aqui uma ilustração. Em certa época viveu um homem rico. Tendo conhecimento de que muitos pobres estavam quase morrendo de frio, durante um inverno muito severo, ele decidiu procurar o nome e endereço dessas pessoas para mandar-lhes seu servo levando carvão para se aquecerem. Segundo planejado, o servo saiu com o cavalo e a carroça. Ao chegar à primeira casa, perguntou se era um dos nomes e endereços da lista. Recebendo uma resposta afirmativa do pobre, o servo revelou a vontade do seu mestre em dar o carvão. O pobre pensou que devia ser engano. Ele não tinha um amigo tão bom assim e portanto fechou a porta recusando-se a aceitar a dádiva. O que podia fazer o servo senão prosseguir para a casa seguinte? Lá, recebeu o mesmo tratamento; o dono da segunda casa disse não ter tal amigo. Por mais que o servo explicasse que não era engano, o pobre ainda duvidava e recusava-se a aceitar o presente. Depois de ter visitado várias casas e falhado em todas elas (pois ninguém acreditava em um homem tão bom assim que lhes desse carvão de graça), chegou o servo à casa de uma viúva pobre. Ao ouvir a história do servo, ela aceitou o carvão com alegria e agradeceu ao senhor o presente. Com o carvão recebido, passou, com conforto, o amargo inverno.
Você percebe que a graça de Deus é semelhante a esta história: é inteiramente gratuita. E agora que os servos de Deus já lhe trouxeram a salvação do Senhor, você pode experimentar seu calor e alegria, se estiver disposto a aceitá-la. Não seja como os que duvidaram; pois se o fizer, sofrerá a perda eterna infligida por si mesmo! Simplesmente aceite a graça divina e o dom da salvação será seu.
Efésios 2 ensina-nos que é "mediante a fé" e também "pela graça". Instrui-nos ainda mais a respeito da natureza da salvação, que, (1) não "vem de nós, é dom de Deus", e (2) "não de obras, para que ninguém se glorie". A salvação envolve dois "nãos": "não vem de vós" e "não de obras". Quão clara ela é!
Note, primeiramente que a salvação não é de vós. Quer sua moralidade seja superior ou inferior, quer seja você rico ou pobre — nada disso tem absolutamente nenhum efeito sobre sua salvação. Se você estiver disposto a aceitar a graça de Deus, poderá ser salvo independentemente de ser sábio ou tolo, santo ou ímpio. E, também não importa o que você seja, perecerá se recusar-se a aceitar o Salvador. Portanto, a salvação nada tem que ver com o que você é; Deus oferece-a gratuitamente como um dom.
Note também que a salvação não é de obras. "Vós" refere-se ao que você é e "obras" ao que você faz. Deus não disse que a pessoa pode ser salva por praticar o bem; declarou, contudo, que a salvação não vem das obras. Conseqüentemente, você não será salvo ainda que faça o melhor que puder, nem necessariamente perecerá por praticar o pior. O ser salvo ou perecer não depende de suas obras mas do seu aceitar ou não a graça de Deus.
Gostaria de dizer-lhe o seguinte: não pense em suas boas obras; antes, considere mais seus pecados. Por que não vir a Deus com coração contrito e confessar que é pecador e que não possui boas obras das quais se gabar e que não tem mérito do qual depender? Por que não confiar simplesmente na graça que Deus lhe oferece mediante seu Filho na cruz? Peço-lhe que venha sem demora. Ainda hoje, neste mesmo instante, ajoelhe-se e ore; diga a Deus que você recebe ao Senhor Jesus como seu Salvador e peça-lhe que lhe perdoe os pecados e o salve.
Por que Deus não salva o homem mediante as obras? Pode haver muitas razões, mas uma muito básica dada aqui é "para que ninguém se glorie". Se o homem fosse salvo pelas obras, sem dúvida haveria de gloriar-se de si mesmo e deixaria de render glória a Deus. O maior pecado no mundo é ser independente de Deus e não confiar nele. Este fato aplica-se também à salvação. Por que prefere o homem ser salvo por suas próprias obras a aceitar a salvação grátis que lhe foi preparada por Deus? Por causa do orgulho. Quão humilhante é depender de Deus! Não deixa lugar para a vangloria. O homem, portanto, deseja salvar-se a si mesmo mediante suas obras para que possa ter algo de que se gabar. Mas Deus não deseja que o homem seja salvo desta maneira para que ele não se glorie.
Leiamos outro versículo bíblico: "Não por obras de justiça praticadas por nós, mas segundo sua misericórdia, ele nos salvou" (Tito 3:5a). Esta passagem ensina-nos que Deus não nos salva por nosso muito acúmulo de justiça, pois como Deus disse mediante o profeta Isaías, no Antigo Testamento: "Todos nós somos como o imundo, e todas as nossas justiças como o trapo da imundícia" (64:6a). Podemos pensar que nossa justiça seja digna de louvor, mas à vista de Deus é menos do que nada! Se ele fosse salvar-nos segundo nossa justiça, todos nós pereceríamos; pois sem exceção, nossa justiça é como o trapo de imundícia. Pode tal justiça jamais ser considerada justiça verdadeira? Como poderia então salvar-nos? Como pode Deus salvar-nos à base de trapos imundos? Ele absolutamente não pode.
Mas graças a Deus, ele mostra-nos graça "segundo sua misericórdia". Ele não nos salva por nossa justiça nem por nossas obras, mas segundo sua misericórdia. O significado da misericórdia é que a graça é concedida ao que não a merece, a despeito da impiedade da pessoa. Como pecadores, não merecemos a salvação de Deus. Entretanto, ele nos ama sem causa. Não se deixando impedir por nossas transgressões, ele fez com que o Senhor Jesus morresse na cruz por nós a fim de dar-nos graça. "Segundo a sua misericórdia ele nos salvou”
De modo que não pense que pode ser salvo por praticar o bem. Creia rapidamente no Senhor Jesus Cristo. Ele não exige de você nenhuma de suas obras; ele está disposto a salvá-lo sem elas. Você não precisa acumular méritos; precisa apenas crer nele. Embora você não possa praticar o bem, embora você seja por demais pecador, ele está disposto a ser crucificado a fim de fazer propiciação por seus pecados, isto é, levar seus pecados de omissão e também de comissão. Venha agora, assim como está, e receba-o como Senhor e Salvador. Ele o salvará, aceitá-lo-á e o transformará.
Não argumente que já é membro de uma igreja ou que já foi batizado e que já participou da Ceia do Senhor ou que até seja líder na igreja. Compreenda e admita que estas coisas não salvam e nem jamais podem salvar. A menos que você creia no Salvador que levou seus pecados e morreu por nós todos, você está perdido — a despeito de sua moralidade ou posição. Você não é diferente dos outros. Nada há que proteja o pecador da ira de Deus a não ser o sangue precioso do Senhor Jesus. Toda tentativa boa falhará; somente a obra da cruz de Cristo permanecerá. Todo caminho de salvação que dependa de obras do ego procede do abismo e para lá há de voltar, porque Deus estabeleceu um único modo de salvação: a aceitação de sua graça mediante a fé na cruz de Cristo. A fim de sermos salvos, devemos seguir esse caminho — e esse caminho somente.
Concluindo, deixarei com vocês um versículo bíblico: "Não anulo a graça de Deus; pois, se a justiça é mediante a lei, segue-se que morreu Cristo em vão" (Gálatas 2:21). Se as boas obras podem salvar, então Cristo morreu em vão. Teria Deus sido tão tolo ao ponto de enviar seu Filho ao mundo para morrer desnecessariamente se os homens pudessem operar sua salvação de modo que o satisfizesse? A resposta é óbvia! Permita-me dizer-lhe que se você concluir que as obras podem ajudá-lo a ser salvo, estará automaticamente anulando a graça de Deus. Todos os pecadores devem compreender que "a loucura de Deus é mais sábia do que os homens" (1 Coríntios 1:25a). Ele não teria sacrificado seu amado Filho se os homens pudessem ser salvos pelas obras. O próprio fato de ele ter feito com que seu Filho levasse nossos pecados e morresse por nós prova que não podemos ser salvos por nossas próprias boas obras. Você e eu seremos salvos somente se aceitarmos o Senhor Jesus como Salvador. Verdadeiramente, somos pecadores; entretanto, Deus nos ama sem questionar-nos e está pronto a receber-nos! Embora não tenhamos boas obras nem justiça das quais gloriar-nos, nem por isso sua salvação é diminuída; na verdade, é aumentada. Quão maravilhoso isto é!
Oro para que você seja movido pelo amor de Deus e venha a ele com fé, confessando: "Ó Deus, verdadeiramente sou pecador. Sei que as minhas obras nada são à tua vista. Peço-te que me recebas e me salves agora por amor da morte substitutiva de meu Senhor e Salvador Jesus Cristo."
"O que vem a mim", disse Jesus, "de modo nenhum o lançarei fora" (João 6:37).

Irmãos em Cristo Jesus.

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Mt 5:14 "Vós sois a luz do mundo"